Ayuda Cómo lo dice cada diario
palabras distintivas (TF-IDF) · comparación de fuentes · tono · legibilidad
¿Cómo lo dice cada diario?
Un mismo hecho no se cuenta igual en todos lados. Acá se ve dónde se separan los diarios: qué palabras usan todos, cuáles usa casi solo uno, con qué tono, y —plegado al final— cuál escribe más difícil.
01 — Cómo se hace
Para cada diario contamos sus palabras (igual que en «Qué palabras se repiten»). Después, a cada palabra le damos un peso: suma por cada vez que ese diario la usa, y pierde según cuántos de los otros diarios también la usen. «Gobierno» la usan los cinco: se apaga. «Clínica» la usa casi solo uno: se enciende. Lo que queda arriba es el sello de cada diario en ese período.
Mirá lo que sale antes de sacar conclusiones. En un mes real aparecen «quini», «telekino» y «sorteo» en uno, «sinopsis» y «subtitulado» en otro, y en un tercero su propia firma repetida al pie de cada nota. Eso no es su manera de contar: es qué secciones publica y qué texto fijo le mete a cada página. Lo que distingue a un diario, casi siempre, es primero su agenda y recién después su vocabulario.
El tono sale de dos diccionarios, no de uno. Cada diccionario es una lista de palabras con un puntaje: «agresión» resta, «festejo» suma. Sumamos los puntajes de todas las palabras de cada diario y llevamos el total a una escala de 0 a 100 donde 50 es neutro. Lo hacemos con dos listas distintas —la propia y AFINN en español— y mostramos las dos: cuando no coinciden, es la prueba de que el diccionario es una decisión, no una medición.
La hostilidad es aparte: cuenta palabras de agresión (insultos, amenazas, descalificaciones) por cada mil palabras. Las de violencia como hecho («homicidio», «disparo») se muestran pero no suman: si sumaran, toda nota policial daría «muy hostil».
La legibilidad, plegada al final, mide solo el largo de las palabras y de las oraciones con la fórmula de Fernández Huerta. No mide si está bien escrito.
02 — El límite
«No hubo heridos» y «hubo heridos» suman los mismos puntos en los dos diccionarios: ninguno entiende el «no». Y una nota policial bien escrita siempre va a dar negativo. Por eso el tono de una sola nota no vale nada; sirve para comparar diarios o épocas, nunca para juzgar una nota.
03 — De dónde viene
Nada de esto lo inventamos nosotros. Estos son los trabajos que fundaron cada técnica, y qué aportó cada uno.
TF-IDF
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Spärck Jones, K. (1972). «A statistical interpretation of term specificity and its application in retrieval». Journal of Documentation, 28(1), 11–21. ↗
Una palabra vale más cuanto en menos documentos aparece. Es la mitad «rareza» de la cuenta: la que apaga «gobierno» y enciende lo que casi solo un diario dice.
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Salton, G. & Buckley, C. (1988). «Term-weighting approaches in automatic text retrieval». Information Processing & Management, 24(5), 513–523. ↗
Probó con experimentos que combinar «cuántas veces aparece acá» con «en cuántos documentos aparece» es el peso que mejor funciona. Es la fórmula que usamos.
Sentimiento
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Stone, P. J., Dunphy, D. C., Smith, M. S. & Ogilvie, D. M. (1966). The General Inquirer: A Computer Approach to Content Analysis. Cambridge (MA): MIT Press. ↗
El primer programa que clasificó textos con diccionarios de palabras (positivas, negativas…) en una computadora. El método del tono por diccionario tiene sesenta años.
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Pang, B. & Lee, L. (2008). «Opinion Mining and Sentiment Analysis». Foundations and Trends in Information Retrieval, 2(1–2), 1–135. ↗
El repaso que definió el campo «análisis de sentimiento» y ordenó sus métodos y sus problemas: la negación, la ironía, el dominio.
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Taboada, M., Brooke, J., Tofiloski, M., Voll, K. & Stede, M. (2011). «Lexicon-Based Methods for Sentiment Analysis». Computational Linguistics, 37(2), 267–307. ↗
Mostró que un diccionario de palabras con puntaje funciona en cualquier tema sin entrenar nada — y que sin reglas para el «no» se equivoca seguido.
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Nielsen, F. Å. (2011). «A new ANEW: Evaluation of a word list for sentiment analysis in microblogs». Proceedings of the ESWC2011 Workshop on Making Sense of Microposts, 93–98. ↗
Creó la lista AFINN: palabras con puntaje de −5 a +5 pensadas para textos cortos. Es el segundo diccionario de la pantalla, traducido al español.
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van Atteveldt, W., van der Velden, M. A. C. G. & Boukes, M. (2021). «The Validity of Sentiment Analysis: Comparing Manual Annotation, Crowd-Coding, Dictionary Approaches, and Machine Learning Algorithms». Communication Methods and Measures, 15(2), 121–140. ↗
Con noticias de verdad, los diccionarios de sentimiento salieron peor que una persona en todas las pruebas. Por eso acá son un indicio, nunca un veredicto.
Índice de hostilidad
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Lasswell, H. D. & Leites, N. (1949). Language of Politics: Studies in Quantitative Semantics. Nueva York: George W. Stewart. ↗
La idea de contar palabras cargadas para detectar propaganda y tono en la prensa tiene setenta años: nació en el análisis de los discursos de la guerra.
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Osgood, C. E., Saporta, S. & Nunnally, J. C. (1956). «Evaluative Assertion Analysis». Litera, 3, 47–102. ↗
Partir cada oración en «quién dice qué de quién» y darle un puntaje a cada afirmación. Es lo que este índice NO hace —cuenta palabras sueltas—, y por eso es más tosco.
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Davidson, T., Warmsley, D., Macy, M. & Weber, I. (2017). «Automated Hate Speech Detection and the Problem of Offensive Language». ICWSM, 11(1), 512–515. ↗
Mostró que «lenguaje ofensivo» y «discurso de odio» no son lo mismo y que los detectores por palabras los confunden. Por eso acá se llama hostilidad y no odio.
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Basile, V. et al. (2019). «SemEval-2019 Task 5: Multilingual Detection of Hate Speech Against Immigrants and Women in Twitter». Proceedings of SemEval-2019, 54–63. ↗
La primera competencia con textos en español etiquetados como odio o no odio, que fijó cómo se evalúa eso. Un punto de comparación para cualquier diccionario en castellano.
Legibilidad
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Flesch, R. (1948). «A new readability yardstick». Journal of Applied Psychology, 32(3), 221–233. ↗
La fórmula original: qué tan fácil es leer un texto a partir del largo de las oraciones y de las palabras. Nada más que eso mide.
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Fernández Huerta, J. (1959). «Medidas sencillas de lecturabilidad». Consigna, 214, 29–32. ↗
Adaptó la fórmula de Flesch al español, cambiando los pesos porque nuestras palabras son más largas. Es el índice que usa la pantalla.
04 — Probalo